Viajar en septiembre se ha convertido en una de las estrategias favoritas de quienes quieren evitar el caos de julio y agosto sin renunciar al buen tiempo.
Con la vuelta al cole y al trabajo, la demanda cae de golpe y eso se nota tanto en el ambiente de los destinos como en el precio final del viaje. Si estás valorando mover tus vacaciones a este mes, esto es lo que cambia respecto al verano y cómo sacarle el máximo partido.
Septiembre es lo que el sector turístico llama «temporada media»: las escuelas ya han empezado el curso, buena parte de las vacaciones familiares ya se han tomado y la afluencia baja considerablemente respecto a agosto, aunque el clima en el sur de Europa sigue siendo muy agradable, sobre todo durante la primera quincena.
Esta combinación de menor demanda y buen tiempo residual es la razón por la que cada vez más viajeros sin hijos en edad escolar, o con flexibilidad laboral, deciden desplazar sus vacaciones a septiembre en lugar de competir por plaza en agosto.
Al bajar la demanda, las aerolíneas ajustan precios para llenar plazas: no es raro encontrar vuelos entre un 20% y un 40% más baratos que en agosto para el mismo destino, especialmente a partir de la segunda semana del mes. Lo mismo ocurre con el alojamiento, donde los precios de temporada alta empiezan a normalizarse.
Esta bajada es más pronunciada en destinos con fuerte estacionalidad familiar, como las islas griegas, Italia o Croacia, y menos marcada en ciudades que reciben turismo de negocios todo el año, como Londres o Fráncfort.
Ciudades europeas como Roma, París o Lisboa recuperan un ritmo mucho más manejable, y playas que en agosto están abarrotadas ofrecen una experiencia completamente distinta.
Es también un buen mes para destinos de interior o de montaña, donde las temperaturas empiezan a bajar de forma agradable sin llegar todavía al frío del otoño.
En destinos de costa mediterránea, el agua del mar sigue caliente tras el verano, lo que permite seguir bañándose con normalidad hasta bien entrado el mes, otra ventaja que muchos viajeros desconocen.
No todo son ventajas: algunos negocios locales en destinos muy turísticos empiezan a reducir horarios o cerrar temporada a partir de mediados de mes, así que conviene confirmar con antelación restaurantes, actividades o excursiones que dependan de temporada alta.
En el hemisferio norte, septiembre también marca el inicio de la temporada de huracanes en el Caribe y el sudeste asiático, un factor a vigilar si el destino elegido está en esas zonas.
Por otro lado, es un mes especialmente recomendable para rutas que en agosto resultan agotadoras por el calor, como los recorridos por el sur de España, el norte de África o el sudeste asiático, donde las temperaturas empiezan a suavizarse.
Depende del destino, pero es habitual encontrar ahorros de entre el 20% y el 40% en vuelos y alojamiento respecto a los precios de agosto, especialmente reservando a partir de la segunda semana del mes.
En el sur de Europa y el Mediterráneo, sí, sobre todo durante la primera quincena. El mar mantiene la temperatura del verano y las temperaturas diurnas siguen siendo agradables, aunque las noches empiezan a refrescar.
La primera quincena combina mejor clima con precios ya a la baja; la segunda quincena ofrece los precios más bajos del mes, aunque algunos negocios turísticos empiezan a reducir su actividad.
Sí. La menor afluencia turística no elimina los riesgos habituales de un viaje: las situaciones en las que más se usa un seguro de viaje ocurren en cualquier época del año, así que conviene contratarlo con la misma antelación que en temporada alta.