Viajar a Mongolia significa, sobre todo, cambiar de escala: estepas interminables, dunas de cientos de metros de altura y una forma de vida nómada que apenas ha cambiado en siglos.
Es un destino que exige algo más de planificación que un viaje convencional, pero que compensa con paisajes que no se parecen a ningún otro lugar de Asia.
El Gobi ocupa buena parte del sur de Mongolia y concentra algunos de los paisajes más espectaculares del país, desde acantilados de tierra rojiza hasta dunas gigantes en pleno desierto.
Las dunas de Khongoryn Els, conocidas como las «dunas cantantes» por el sonido que produce el viento al mover la arena, se extienden unos 100 kilómetros de largo y alcanzan hasta 300 metros de altura en sus puntos más elevados, dentro del Parque Nacional de Gurvan Saikhan.
El recorrido habitual por el Gobi también suele incluir los Flaming Cliffs, célebres por los hallazgos arqueológicos de huevos de dinosaurio, y el monasterio de Ongi, uno de los más importantes del país antes de su destrucción en el siglo XX.
Alojarse en una yurta (o «ger», como se conoce localmente) es una de las experiencias que define cualquier viaje a Mongolia.
Existen dos formas de vivirlo: los campamentos turísticos, con gers preparadas para viajeros, camas, calefacción y baños compartidos, y la opción de alojarse directamente con familias nómadas, una experiencia más auténtica que implica adaptarse a las costumbres de cada familia.
Los campamentos se concentran sobre todo alrededor de Ulán Bator y en zonas como el parque de Terelj, el más cercano a la capital, aunque también los hay junto a las dunas del Gobi para quienes hacen la ruta por el sur.
La infraestructura de transporte fuera de Ulán Bator es limitada, por lo que la forma habitual de recorrer el país es contratando un tour en 4×4 con conductor y guía, que incluye alojamiento en campamentos de yurtas a lo largo de la ruta.
Una vuelta por el Gobi suele necesitar entre 5 y 8 días; si se combina con el norte del país (lago Khövsgöl, valle de Orkhón), el viaje completo puede extenderse a dos o tres semanas.
El verano, de junio a agosto, es la temporada alta, con mejores temperaturas y festivales tradicionales como el Naadam a mediados de julio, aunque también es cuando hay más turistas; septiembre ofrece días cálidos con menos afluencia.
No, los ciudadanos españoles están exentos de visado para viajes turísticos de hasta 30 días.
Con 5 a 8 días se puede recorrer el Gobi con calma; si se combina con el norte del país, el viaje completo suele extenderse a dos o tres semanas.
El verano (junio a agosto) es la temporada alta, con mejor clima y festivales como el Naadam; septiembre ofrece buen tiempo con menos afluencia turística.
Sí, es muy recomendable: gran parte del país está lejos de centros médicos bien equipados, y un seguro con buena cobertura de asistencia y evacuación es clave.