Nueva Zelanda, conocida en maorí como Aotearoa (‘la tierra de la larga nube blanca’), es uno de los destinos de larga distancia más deseados por los viajeros: fiordos, volcanes, glaciares y una cultura maorí muy presente conviven en un territorio dividido en dos grandes islas, la Isla Norte y la Isla Sur.
Se trata de un viaje que requiere una buena planificación por la distancia y el tiempo necesario para recorrerlo. En esta guía repasamos una ruta orientativa por ambas islas, además de los requisitos de entrada y algunos consejos prácticos.
La ciudad más poblada del país es la puerta de entrada habitual para la mayoría de vuelos internacionales. Su puerto, el Sky Tower y las islas del golfo de Hauraki, como Waiheke, con sus viñedos, merecen al menos un par de días.
Zona de intensa actividad geotérmica, con géiseres, piscinas de barro burbujeante y aguas termales. Es también uno de los mejores lugares del país para conocer de cerca la cultura maorí a través de espectáculos y aldeas tradicionales.
Al norte de Auckland, la Bahía de las Islas ofrece playas y navegación entre más de 140 islotes. De camino hacia el sur, las cuevas de Waitomo son famosas por sus techos iluminados por miles de luciérnagas (glowworms).
Conocida como la capital mundial de los deportes de aventura, cuna del puenting moderno. Está rodeada por el lago Wakatipu y la cordillera de los Remarkables, y es el punto de partida habitual para explorar Fiordland.
Milford Sound, dentro del Parque Nacional de Fiordland, es uno de los paisajes más fotografiados del país: acantilados que caen en vertical sobre aguas tranquilas, cascadas y colonias de pingüinos de Fiordland. Se visita habitualmente en un crucero de un par de horas, a unas cuatro horas en coche desde Queenstown.
En la costa oeste de la Isla Sur, estos dos glaciares descienden hasta zonas de selva templada, algo poco habitual a esta latitud. Se pueden observar desde miradores accesibles a pie o sobrevolar en helicóptero.
Christchurch, reconstruida tras el terremoto de 2011, es hoy una ciudad de arte urbano y jardines. Cerca de allí, Kaikoura es uno de los mejores puntos del planeta para el avistamiento de ballenas y delfines durante todo el año.
Para conocer ambas islas con tranquilidad se recomienda un mínimo de 15 días, aunque muchos viajeros optan por 3 semanas dado lo que cuesta llegar hasta el otro lado del planeta. Si el tiempo es limitado, es preferible centrarse en una sola isla y dejar la otra para un próximo viaje.
Los ciudadanos españoles no necesitan visado para estancias turísticas de hasta 90 días, pero sí es obligatorio tramitar la NZeTA (New Zealand Electronic Travel Authority) antes de viajar, según confirma también el Ministerio de Asuntos Exteriores. Sin la NZeTA aprobada no se permite embarcar en el vuelo con destino a Nueva Zelanda.
Al estar en el hemisferio sur, las estaciones son opuestas a las de España. El verano austral (diciembre-febrero) es la temporada alta, con mejores condiciones para explorar Fiordland y las playas de la Isla Norte. El invierno (junio-agosto) es la época de esquí en Queenstown y Wanaka.
Al tratarse de un viaje largo y con actividades al aire libre como senderismo, kayak o esquí, es muy recomendable contratar un seguro de viaje a Nueva Zelanda que incluya asistencia médica, deportes y posibles cancelaciones.
No se necesita visado para estancias turísticas de hasta 90 días, pero sí es obligatorio solicitar la NZeTA antes del viaje.
Es una autorización electrónica de viaje obligatoria para entrar en Nueva Zelanda, con un coste aproximado de entre 17 y 23 NZD más una tasa de 35 NZD, válida durante 2 años.
Lo recomendable es un mínimo de 15 días para recorrer ambas islas, aunque muchos viajeros dedican 3 semanas dada la distancia del vuelo.
El verano austral, entre diciembre y febrero, ofrece las mejores condiciones para la mayoría de actividades al aire libre.
Es un destino de gama media-alta, especialmente por el coste del vuelo y del alquiler de coche, aunque el alojamiento y la comida pueden ajustarse a distintos presupuestos.